Partidos en Asia

ISRAEL

El laborismo israelí: de la muerte de Isaac Rabin y los Acuerdos de Oslo a la agonía actual

Cuando se habla de las familias políticas solemos mencionar a los grandes partidos europeos, pero en Israel hubo no solo un partido socialdemócrata-laborista potentísimo, sino todo un movimiento cuyas raíces se remontan al siglo XIX: el sionismo socialista. El laborismo israelí dominó la vida política del sionismo y el Estado de Israel desde principios del siglo XX y hasta los años noventa. No solamente ganaron todas las elecciones de los primeros treinta años de independencia del Estado, sino que gobernaron ininterrumpidamente hasta 1977.

Del laborismo israelí surgieron cinco de los primeros ministros más famosos de la historia (David Ben Gurion, Golda Meir, Levi Eskhol, Isaac Rabin y Shimon Peres). También surgieron un sinfín de organizaciones, desde ramas sindicales hasta todos los equipos de fútbol que en Israel aún se denominan “Hapoel” (“trabajadores” o “trabajo” en hebreo).

Pues en este caso también se han ido al garete más de cien años de trayectoria política, incluso cuando esta organización fue la propia fundadora del Estado de Israel. Con el asesinato de Rabin, la intifada de principios de siglo y el punto muerto en que quedaron los Acuerdos de Oslo también se fue al basurero de la historia el laborismo israelí. Desde finales de los noventa el partido comenzó a perder apoyo electoral y social: de sus habituales 40 escaños a 23 en 1999, 18 en 2003 y los míseros cuatro escaños que hoy día pueden considerarse “laboristas”. El partido directamente no se presenta con su nombre, sino en una coalición con Meretz (izquierda sionista) denominada “Los Demócratas.

Es decir, en una generación el partido ha perdido el 90% de sus diputados y el 80% de su militancia. Ha pasado de ser el partido-movimiento con más afiliados e influencia mediática dentro del sionismo a contar con solo 15.000 militantes dentro de una coalición que apenas influye o va a influir en un parlamento donde hay partidos de derechas de todos los gustos y sabores.

En otros países la socialdemocracia ha perdido votantes, militantes e influencia, pero creo que en ninguno tan drástica y rápidamente como en Israel. Está claro que absolutas indignidades de sus gobiernos, como las limpiezas étnicas, la impunidad de un Ejército supuestamente dirigido por “socialistas” y el compadreo con unos colonos ultraderechistas religiosos no le han sentado nada bien a esta tendencia del sionismo.

Una caricatura que refleja la imposibilidad de un proyecto mínimamente “laborista” o de “izquierdas” en el Israel de las últimas décadas.

INDIA

La crisis del Congreso Nacional Indio: Modi y su nacionalismo hindutva dejan fuera de juego a los fundadores de la India contemporáneo

En esta web normalmente no hablamos de la política y de la izquierda en Asia, pues suele estar alejada de las tendencias europeas, pero toca hacer una excepción con un partido que nació dentro de una colonia británica: el Partido del Congreso de la India. Este partido se fundó a finales del siglo XIX y ha sido absolutamente hegemónico no solamente en la política de la India independiente, sino previamente también dentro del movimiento independentista del subcontinente.

Ganó todas las elecciones de los sesenta años posteriores a la independencia en 1947 y siempre detentó el cargo de primer ministro, salvo en pequeños periodos donde estuvo en manos de pequeños partidos de centro-izquierda, por lo que se puede afirmar que durante todo el siglo XX la India vivió una gran hegemonía de una izquierda moderada y secular. El Partido del Congreso llegó a tener, dada la relevancia del país y los millones de afiliados con los que llegó a contar, un papel notable en las relaciones internacionales, particularmente como miembro destacado del Movimiento de Países No Alineados, además de la Internacional Socialista.

Sin embargo, el siglo XXI se ha caracterizado en la India por lo mismo que en muchos otros países: descontento político, crisis de los sistemas de partidos, nacionalismo y, sobre todo, derechización. Aquí es donde ha entrado el partido del actual primer ministro Narendra Modi, que se creó en los ochenta y fue creciendo paulatinamente hasta el gran pelotazo de las elecciones de 2014, en las que logró mayoría absoluta y el control de la política india.

Mientras tanto, el Partido del Congreso ha perdido porcentaje de voto, afiliación y gobiernos estatales a marchas forzadas. Durante más de cincuenta años se mantuvieron por encima del 40% del voto, un hito espectacular en un país tan pobre y tan poblado, pero en los 2000 descendieron a la cota del 25% y el reciente auge ultraderechista les ha hecho aún más pupa que a sus partidos “hermanos” de otras partes del continente. En 2019 el Partido del Congreso tocó fondo, con solo un 10% de los miembros del Parlamento, perdiendo también muchos de los gobiernos estatales y viéndose diezmado tanto por la derecha como por la izquierda, que en India cuenta con partidos regionales y comunistas de gran arraigo.

Recientemente han logrado mantenerse como líderes de la oposición y ha aumentado su representación, pero solamente gracias a una gran coalición (I.N.D.I.A), que sin embargo no pudo arrebatar el cargo de primer ministro a Modi en 2024. Aún sigue siendo un partido notable, con arraigo, tradición y 26 millones de militantes, pero su potencial palidece ante los más de 100 millones de afiliados del partido de Modi y su gran popularidad.

Anécdota. Algunas dinastías de la política latinoamericana o europea sorprenden, pero lo de la familia Nehru-Gandhi juega directamente en otra liga. La familia del fundador de la República (Jawaharlal Nehru) ha dirigido el Partido del Congreso u ostentado altísimos cargos en el país durante 7 generaciones, y lo que más llama la atención, en los últimos años hay miembros de la misma familia en posiciones de poder no solo en su “partido-finca”, sino en el BJP, su archirrival.

TURQUÍA

El CHP, el partido fundado por Atatruk que lucha por derrocar a Erdogan

Telenovelas, autoritarismo, kebabs, mezquitas, tratamientos capilares y Erdogan…todos estos elementos son señas de identidad de la Turquía contemporánea, pero hubo un tiempo en el que el país estuvo completamente dominado por otros gobernantes, otros objetivos y otro partido: el CHP o Partido Republicano del Pueblo. Hasta los años cincuenta Turquía estuvo gobernado por un partido único dirigido por el fundador de la República: Mustafá Kemal Ataturk. Desde los sesenta se inició un periodo multipartidista en el que pasaron a gobernar otros partidos de centro y derecha, aunque el CHP, progresista y secular, siempre se mantuvo sólido, entre el 27 y el 40% del voto en las elecciones parlamentarios.

No siempre han gobernado, y su hegemonía no fue tan absoluta como la del PRI mexicano, pero las turbulencias internas y la dictadura militar le golpearon duramente. Los militares disolvieron todos los partidos en 1980, y establecieron un régimen tutelado en el que permitieron la creación de nuevos partidos, aunque vetando candidatos y torpedeando a fuerzas como el Partido Republicano del Pueblo. Sin embargo, hasta los años ochenta siempre gobernaron fuerzas europeístas y seculares, por lo que se puede afirmar que el gran cambio histórico que ha moldeado la Turquía actual fue el auge del islamismo de los últimos treinta años.

En los años noventa había un 25 o 30% del electorado que votaba al partido islamista de Erbakan o al MHP, un partido que aún existe y que está a la derecha de Erdogan (sí, eso es posible), por lo que la situación actual del país no es una gran sorpresa, aunque sí que ha sido completamente monopolizada por su actual presidente: Recep Tayip Erdogan.

El “nuevo sultán” fundó un partido, el AKP (Partido de la Justicia y Desarrollo) que se ha convertido en el gran dominador de la política turca desde 2003, con un solidísimo 40 o 50% del voto en todas las elecciones y unos 10 millones de afiliados. Se trata de una enorme maquinaria política que ha podido dar un giro autoritario, aplastar a los kurdos, iniciar una islamización de la sociedad e incluso emprender un proyecto de “imperialismo neootomano” con graves consecuencias para Oriente Próximo.

¿Y quién se opone a Erdogan o a su partido? Pues principalmente el CHP, gran partido de la izquierda o el secularismo turcos, que mantiene un porcentaje de voto bastante sólido en torno al 20%, así como numerosos gobiernos locales. El partido también goza de influencia internacional, pues su líder es vicepresidente de la Internacional Socialista y recibe atención mediática cuando son reprimidos o se oponen ante el caudillo de Ankara.

La situación económica del país no es buena, por lo que algunas encuestas atisban la posibilidad de un vuelco, pero ya ha ocurrido esto en el pasado y el zorro Recep siempre se ha llevado el gato al agua, así que solo nos queda desear suerte al CHP en su titánica lucha por el poder, pues la va a necesitar.

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