España

El PSOE: el último de los gigantes en pie

Aún dirigiendo la política española, el Partido Socialista Obrero Español es el último de los gigantes de la socialdemocracia europea, al menos de los países más poblados, que mantiene fortaleza electoral y gubernamental. Aunque ha perdido mucho porcentaje de voto, poder regional y afiliación desde el año 2008, no ha corrido la suerte de sus partidos vecinos: no ha sido superado por ningún partido a su izquierda ni por la extrema derecha, al menos de momento.

Tras casi treinta años obteniendo porcentajes superiores al 35% a nivel nacional y conformando junto al PP un bipartidismo imperfecto pero muy sólido, el PSOE vivió un calvario similar al de sus partidos «hermanos» del continente cuando estalló la crisis financiera y de la deuda en Europa (2008-2012). El partido pasó de un 44% de voto en las generales de 2008 a un 28,8% en las de 2011, y de 169 a 110 diputados. Ya en su momento, y con Pérez Rubalcaba como candidato, este resultado fue considerado como desastroso e indicativo de la crisis de la socialdemocracia española, pero vendrían mayores decepciones, turbulencias y resurgimientos en los años posteriores.

Tras el pésimo resultado de Rubalcaba en las europeas de 2014 (un 23%), el veterano líder socialista dimitió y un joven y desconocido Pedro Sánchez llegó a la secretaría general. En los siguientes dos años tuvo que enfrentarse a la situación electoral más complicada del partido, pues al descenso de los años anteriores se sumaba la emergencia de dos potentes competidores: Podemos a su izquierda y Ciudadanos desde el centro político. Este contexto llevó a que el PSOE tocase fondo en los resultados de las generales de 2015 y 2016, con 90 y 85 escaños respectivamente.

Lo que sucedió a continuación lo recordará cualquier lector mayor de 25 años: enfrentamiento entre las dos alas del partido, dimisión de Sánchez, abstención del PSOE en la última investidura de Rajoy y una de las mayores crisis de la historia del partido en ese infausto otoño de 2016. Como se aprecia en la imagen inferior, tanto en las urnas como en la mayoría de encuestas el PSOE estuvo tres años en su mínimo histórico desde la Segunda República (entre el 20 y el 22%), y también obtuvo sus peores resultados a nivel municipal y autonómico en prácticamente todos los territorios del país.

Sin embargo, y a diferencia de los demás partidos socialdemócratas europeos, su declive no solo no continuó, sino que fue revertido gracias a tres factores: la recuperación de un liderazgo que se oponía al PP de Rajoy en la persona del renacido Sánchez, las tensiones y deserciones en sus dos competidores anteriormente mencionados y, sobre todo, la reconquista del poder en la moción de censura de 2018. Desde entonces, a lo largo de más de 7 años, el PSOE ha oscilado en las encuestas y en las urnas en torno al 28% de voto, a excepción de la fuerte subida de las elecciones generales de 2023 (32%). Estos porcentajes contrastan con la situación de todos los partidos socialdemócratas europeos, a excepción del sueco y el maltés, lo que nos permite titular esta entrada así: el PSOE es el último gigante de la socialdemocracia europea que se mantiene en pie.

En las últimas semanas, tras el agravamiento del caso Ábalos-Cerdán, la escasa acción de gobierno y el previsible mal resultado en las elecciones autonómicas de distintos territorios, se ha comenzado a hablar de una futura crisis e incluso de un hipotético cambio de liderazgo en el actual Gobierno de coalición y en el Partido Socialista. Es cierto que la situación de Sánchez probablemente sea la más comprometida desde que está en Moncloa y que ha perdido porcentaje de voto en todas las encuestas desde hace dos años, pero aún se mantiene en ese 28% en torno al cual ha oscilado, con escasas variaciones, desde hace ocho años.

El menguado poder autonómico del partido

El gran «debe» de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE es sin duda alguna el poder autonómico. Actualmente se encuentra en uno de sus peores momentos históricos, a excepción tras el tsunami electoral del PP en 2011. A finales de 2025 el PSOE solo gobierna en Castilla-La Mancha, Asturias, Navarra y Cataluña. Perdió muchos gobiernos autonómicos en 2023, y de los que mantiene el único que puede ser achacado al giro «izquierdista» imprimido por Pedro Sánchez desde 2017 es el poder de Salvador Illa en Cataluña y el de Chivite en Navarra.

En cuanto al número de diputados autonómicos, de los 1260 que se eligen en España el PSOE tiene 360, algo menos del 25%. Es decir, a pesar de lo mucho que le han beneficiado la ley electoral y la fragmentación a su izquierda, está más débil que en las encuestas y que en su representación en el Congreso. Los mayores temores de los socialistas radican en un posible batacazo en las grandes regiones del centro y sur del país en las elecciones autonómicas que se van a convocar de aquí a 2027. A la gran debilidad que tienen en Madrid, Galicia y Andalucía (otro de los «dramas» del PSOE de Sánchez) se les puede unir un batacazo en Castilla-La Mancha, Castilla y León e incluso Valencia. Los pésimos resultados obtenidos en las recientes elecciones extremeñas (solo un 26% en su principal feudo histórico) son la mejor muestra de esta tendencia.

El PSOE a nivel municipal: señales de fatiga en una enorme maquinaria territorial

Si uno mira los resultados generales de las elecciones municipales en los últimos cuarenta años observará que hay dos enormes maquinarias electorales muy por encima de los demás partidos en España: el PP y el PSOE. Ambos tienen estructuras y candidatos en casi cada comarca del país, algo que ninguna tercera fuerza política ha logrado desde la Transición, y por eso dominan el panorama con más de 20.000 concejales cada uno. Es cierto que muchos de ellos proceden de pueblecitos, y que en las grandes ciudades han padecido un fuerte desgaste, pues en ellas los otros partidos (Unidas Podemos, Ciudadanos, Vox, Más Madrid o IU) sí que han competido con ellos, pero es indiscutible su dominio general.

En cuanto a la situación concreta del PSOE, sacó un 28% en las municipales de 2023, 20.800 concejales, 492 escaños en las diputaciones provinciales y el gobierno en 12 de ellas. Están muy por encima de la representación de los demás partidos socialdemócratas europeos, y no muy lejos de los peores resultados que había obtenido el PSOE en los últimos y agónicos compases de Felipe González como presidente en 1995. Ese año 1995, cuando aún había un bipartidismo fortísimo en el país, el PSOE obtuvo prácticamente lo mismo que ha logrado Sánchez ahora (un 30,8% y 21.000 concejales), pero gozaba de 100 diputados provinciales y 3 gobiernos provinciales menos de los que posee el PSOE en 2025.

A nivel de poder local, el PSOE no está tan mal como cuando Sánchez llegó a la secretaría general, pues venía del tsunami azul de las municipales de 2011, aunque sí se puede afirmar que el partido se llevó un fuerte revés en 2023. El PSOE actualmente solo ostenta la vara de mando en dos de las diez ciudades más pobladas del país (Barcelona y Las Palmas), y únicamente en 10 de las 50 capitales de provincia. No están tan mal como en el periodo 2011-2015, pero sí se encuentran en uno de los momentos de mayor debilidad de su historia.

Presencia social y retos de futuro

Al igual que está ocurriendo en casi todos los partidos clásicos de Europa occidental, y particularmente de los socialdemócratas, el PSOE ha perdido bastante militancia en las últimas décadas. Según los datos más fiables, llegaron a poseer 250.000 afiliados en los mejores momentos del felipismo y 216.000 en la época de los buenos resultados de Zapatero.

Desde entonces, y coincidiendo con la desafección hacia los dos grandes partidos y a los propios recortes del PSOE en 2010, el partido comenzó a perder buena parte de su masa social. En 2017 tenían unos 187.000 militantes, y los últimos datos disponibles se sitúan en unos 164.000. Teniendo en cuenta que la población del país ha aumentado bastante, no son cifras muy halagüeñas, aunque sí mucho mejores que las de casi todos los partidos «hermanos» del PSOE a nivel europeo.

  • Dichas cifras también tienen varios puntos negros: se trata de una afiliación bastante envejecida, con menor capacidad de movilización que en el pasado y particularmente debilitada en Andalucía y Cataluña, los dos grandes graneros electorales del partido desde la Transición. En el primer caso se ha hundido casi todo su poder territorial, con sus consiguientes redes familiares e incluso clientelares, y en el segundo, el PSC ha perdido más de la mitad de su militancia respecto a la década del 2000.

    Viendo la situación de toda la socialdemocracia europea, se puede afirmar sin reservas que hasta la fecha el PSOE ha salido bastante bien parado, aunque con claros síntomas de fatiga de materiales en el edificio, a todos los niveles (nacional, autonómico, local y de presencia social).

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