Argentina
El largo camino hacia la nada de la Unión Cívica Radical y la socialdemocracia en Argentina
¿Qué es eso del eje izquierda-derecha? Eso es una cosa de europeos, o al menos de no argentinos, pues en la República Argentina el gran eje político de los últimos años ha sido el de peronismo-antiperonismo. Yo nací en 1997, y la gente de mi generación solo ha conocido presidentes peronistas o antiperonistas, pero durante el siglo XX en muchas ocasiones hubo una bancada más fuerte que el antiperonismo en el Congreso: la del radicalismo.

Sí, la Unión Cívica Radical es de esos partidos que nacieron en el siglo XIX y que sobrevivieron a tormentas, huracanes e incluso dictaduras, pero no a la sociedad líquida y a los cambios políticos de los últimos años en todo Occidente. La UCR ostentó la presidencia de la República y fue siempre primera o segunda fuerza política durante todo el siglo XX. Además de dominar la política nacional hasta la irrupción de Perón, la UCR mantuvo una masa social y un potencial electoral formidable tras la caída de la dictadura de Videla en 1982, lo cual le permitió llevar a la Casa Rosada a Raúl Alfonsín.


Los gobiernos radicales no pudieron consolidarse tan bien como los peronistas, que dominaron la década de los noventa con Carlos Saúl Menem, pero aún tuvieron una última oportunidad a finales de dicha década con Fernando de la Rúa. En esta página web no se nos da bien la economía, y no nos vamos a extender explicando el corralito argentino, pero sí que podemos extraer una conclusión: cuando De la Rúa abandonó el poder y fracasó en su gestión no solamente ponía punto y final a su presidencia, sino también al potencial de la UCR de volver a ser fuerza de gobierno.


Desde entonces la UCR ejerció como fuerza de oposición al kirchnerismo, siendo la segunda bancada más potente del Congreso hasta 2015, pero fracasando en las elecciones presidenciales. Esta impotencia se agravó con el auge de la “nueva derecha” argentina, bien fuese de la mano de Macri o de Milei. Desde hace una década la UCR solo es una fuerza más, y cada vez de menor peso, dentro de las coaliciones antiperonistas.
El radicalismo, un centroizquierda ilustrado y pactista, ha sucumbido a la polarización y a la nueva política en Argentina. A finales de 2025 su situación no es grave, sino agónica. Si en 2021 aún tenía 46 diputados de 250 que hay en el Congreso, en 2023 se quedaron con 34 y tras las pasadas elecciones de octubre solamente mantiene 6. Es decir, una fuerza nacida en el siglo XX y que durante un siglo siempre dirigió el gobierno o la oposición ha quedado relegada a una fuerza similar que los regionalistas de la Patagonia.


En los últimos años se ha hablado mucho del declive de la izquierda y de los socialdemócratas en Europa, pero es preciso señalar que son precisamente los partidos hermanos latinoamericanos de la socialdemocracia los que se han hundido abrupta y parece que definitivamente, como en el caso de la Unión Cívica Radical.
Venezuela
El fin de los gobiernos de Acción Democrática: cuando en Venezuela había bipartidismo
Desde hace unos cuantos años el enfrentamiento político en Venezuela lo han venido protagonizando el chavismo y la oposición derechista encabezada por María Corina Machado, pero no hace tanto en Venezuela hubo un sistema bipartidista más sólido que muchos de los bipartidismos europeos. Tuvo hasta un nombre propio, basado en una vivienda donde dicen que se “acordó”: el Pacto de Puntofijo. Lo protagonizaron un partido democristiano (COPEI) y otro socialdemócrata, socioliberal, neoliberal y corrupto: Acción Democrática. Sí, las cuatro etiquetas se le pueden aplicar, pues gobernó muchos años y tiene casi setenta años de trayectoria.


Básicamente, en Venezuela hubo una dictadura militar en los años cincuenta que no mejoró mucho la situación económica y que tras un periodo de crisis dio paso a un sistema político formalmente democrático y bipartidista, aunque con graves fallos. Una de sus dos “patas”, concretamente la pata izquierda, era Acción Democrática, que logro elegir hasta cinco presidentes y siempre ejerció como primera o segunda fuerza en la Cámara de Diputados a mucha distancia de terceros partidos.

El bipartidismo venezolano se extendió durante cuatro décadas, pero tuvo un punto de inflexión y de no retorno precisamente durante la presidencia de uno de los hombres fuertes de Acción Democrática: Carlos Andrés Pérez. Este presidente, muy bien conectado con líderes como Felipe González y miembro de la Internacional Socialista, vivió un gran empeoramiento económico y ordenó la sangrienta represión de unas protestas en la capital, el conocido como “caracazo” (1989).


Desde entonces nada fue igual para el bipartidismo venezolano. Ya en las elecciones de 1993 ambos partidos se hundieron en el porcentaje de voto, y dentro de los democristianos hubo una gran deserción, la del eterno Rafael Caldera. Pero lo peor para los dos grandes partidos venezolanos aún estaba por llegar. El comandante Hugo Chávez salió de la cárcel, montó su Movimiento Quinta República y vivió un crecimiento exponencial en el cambio de siglo, dejando a los dos grandes partidos históricos en un mísero 21% en el año 2000.

Toda la izquierda sociológica venezolana abandonó Acción Democrática para irse al chavismo, que solo vivió un breve renacimiento en 2015, cuando Ramos Allup llegó a la presidencia de la Asamblea. Por otro lado, todo el centro y la derecha venezolanos han abandonado durante la última década a ambos partidos -también a COPEI-, para pasarse al partido de Capriles o al actual liderazgo de Edmundo González y María Corina Machado. Muchos venezolanos y observadores jóvenes no lo recordarán, pero en Venezuela hubo bipartidismo y monopolizó el poder político del país durante cuarenta años, aunque de él ya no quedan ni las raspas.


Perú
El ocaso del APRA: el partido miembro de la socialdemocracia y la izquierda clásica peruana
Una de las noticias que más me impactó en su momento fue el suicidio de Alan García en 2019 ante una detención por su implicación en el Caso Odebrecht. Me informé un poco sobre él y me llamó la atención que fue elegido presidente en dos periodos distintos, antes y después del vendaval fujimorista (en 1985 y en 2006), y siempre de la mano del partido APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), que era la gran formación de la izquierda o el centroizquierda en Perú.


Este partido tenía toques populistas, estaba vinculado a la Internacional Socialista e incluso tenía un gran arraigo social con una serie de casas del pueblo y varios cientos de miles de afiliados. Hasta aquí todo “normal”, ¿no? Pues lo que más ha sorprendido investigando recientemente es que el partido se fundó hace cien años con vocación antiimperialista, nacionalista e izquierdista, siendo el precedente de movimientos similares en otras zonas de Iberoamérica e incluso inspirador de otros partidos muy importantes como el Partido Socialista chileno, Acción Democrática en Venezuela, el PT brasileño o el Frente Amplio uruguay.

Este partido estuvo en el poder hasta el año 2011 y hoy día no tiene ni un solo diputado, algo lamentable teniendo en cuenta su fortaleza histórica y la gran fragmentación política del país. ¿Qué ocurrió con una formación tan destacada? Pues que, al igual que en muchos otros países, el bipartidismo tradicional compuesto por el APRA y Acción Popular (derecha) se ha ido al basurero de la historia también en Perú.

Buena parte de la culpa (o el mérito) hay que achacárselo a Alberto Fujimori, un desconocido poco antes de su gran éxito electoral en las elecciones presidenciales de 1990. Ese año Fujimori y su partido llegaron a la presidencia. Aún no desbancaron al Partido Aprista ni a Acción Popular como principales fuerzas del Congreso, pero ya en 1995 y en el 2000 ambos partidos fueron incapaces de seguir dominando la política peruana.

El Partido Aprista quedó debilitado, aunque la incapacidad de las últimas décadas de los partidos peruanos para consolidarse le dieron una nueva oportunidad de la mano de la mano del carismático Alan García. En 2006 el dirigente y su partido salieron vencedores de las elecciones e iniciaron un mandato de cinco años, pero fue el canto del cisne. Cinco años después el APRA no logró nada en las presidenciales y se hundió por completo en las legislativas, pasando de 36 diputados a 4.


Desde entonces el APRA ha ejercido como una fuerza menor en el Congreso y como simple apoyo para distintos candidatos. La disputa política en el país está marcada por fujimoristas y antifujimoristas, y el APRA se ha ido difuminando hasta quedar fuera del parlamento en las últimas elecciones de 2020 por primera vez en su historia.
Uruguay
La desaparición del Partido Colorado uruguayo con la llegada del nuevo siglo
Cuando uno escucha la palabra “bipartidismo” piensa en la España previa a 2015, los Estados Unidos o el Reino Unido, pero en Sudamérica hubo sistemas bipartidistas más puros que en muchos de los países del Viejo Continente. Uno de ellos fue Uruguay. Durante más de un siglo hubo un bipartidismo muy asentado en el país, con ambos partidos en torno al centro: el Partido Colorado en el ala “izquierda” (aunque muy centrada) y el Partido Nacional en la derecha. Sin embargo, al igual que en muchos otros países hispanoamericanos, desde los años noventa se gestó un movimiento de “socialismo del siglo XXI” que se comió a la pata izquierda del bipartidismo uruguayo.

Dicho movimiento fue el Frente Amplio. Ya en los noventa el Frente Amplio de Tabaré obtuvo buenos resultados a costa del Partido Colorado, pero su eclosión definitiva llegó en 2004, cuando logró la presidencia. Desde el año 2004 el Partido Colorado ha quedado fuera de la disputa por la presidencia de la nación y ha perdido muchísima representación parlamentaria, como muestra la línea roja del gráfico.

Dado que el Partido Nacional ha mantenido su fuerza y ha logrado elegir a varios de sus candidatos, se puede afirmar que la víctima de la ola “frenteamplista” se ha comido a los colorados. Igual que en otros países analizados anteriormente, un partido centenario y poderosísimo aguantó de todo durante el siglo XX, pero no soportó los cambios de la primera década del siglo XXI.

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