La década dorada de la ultraderecha (I): Europa occidental
En ciencias sociales los expertos siempre señalan que los fenómenos se producen por varios factores, lo cual es cierto, pero para el fenómeno del auge ultraderechista en el viejo continente está claro que sobresalen dos: la crisis de los partidos tradicionalmente hegemónicos desde 2008 y la cuestión migratoria abierta hace justo una década. En el verano y otoño de 2015 comenzó la crisis de refugiados de Oriente Próximo entrando por Europa oriental en dirección a Europa central y occidental, un flujo que supuso el inicio de un vertiginoso crecimiento electoral de numerosos partidos de ultraderecha o derecha radical que no se había visto en el continente desde la Segunda Guerra Mundial.

Yo lo llamo la “década dorada de la ultraderecha”. He hecho un análisis de todos los partidos que se encuentran a la derecha del Partido Popular Europeo, o de su partido de referencia en cada nación concreta, y los resultados son demoledores. Vayamos país por país en función de su población. Hace justo una década la ultraderecha alemana (Alternativa por Alemania) tenía un 8% de voto y era la quinta fuerza política. En la actualidad lidera las encuestas con un 26% de apoyos, por lo que su popularidad se ha triplicado.

En Francia la ultraderecha lleva teniendo cierta fuerza desde principios de siglo, pero esta década “horribilis” para los partidos tradicionales también ha permitido a la formación de Marine Le Pen (Agrupación Nacional) iniciar un potente ascenso. Desde 2015 ha pasado de obtener un 14% en la primera vuelta de las legislativas a lograr un 35% en las de 2024, mientras que en las presidenciales ya no solamente ha pasado a la segunda vuelta en dos ocasiones, sino que logró un 41% en la segunda vuelta de 2022.
Con el desgaste de Macron e incluso de la izquierda del Nuevo Frente Popular, actualmente los sondeos ya muestran en cabeza a Jordan Bardella y Agrupación Nacional en todos los tipos de elecciones, algo impensable hace una década. El antiguo Frente Nacional ya ha completado su proceso de “desdiabolización”.

Al otro lado del canal, en Gran Bretaña no solamente hubo un bipartidismo solidísimo y a prueba de bombas, sino que no surgió absolutamente nada fuerte a la derecha del Partido Conservador ni siquiera en el periodo de entreguerras. Pero todo esto ha cambiado en la última década. No solamente la derecha radical o nacionalista logró uno de sus objetivos históricos (el Brexit), sino que se ha consolidado de la mano de un partido político (Reform UK) que no solamente ha entrado en las instituciones, sino que ahora lidera las encuestas con en torno a un 30%, muy por encima de los partidos dominantes en la política del país. Incluso en la “estable y espléndida” Gran Bretaña han penetrado los mensajes antiinmigratorios y ultraderechistas.

Italia es otro de los casos más claros. Hace diez años Berlusconi y Forza Italia aún eran la fuerza principal en el espectro de la derecha, aunque ya la Lega y Fratelli d’Italia sumaban un potente 18% del voto. Sin embargo, diez años después la derecha moderada tiene un papel menor en la política nacional (8%), que resulta completamente dominada por el 31% de Fratelli d’Italia y el 8% de la Lega Norte. Es decir, el apoyo a la ultraderecha italiana ha pasado en una década del 18% al 39%, además de salir de la oposición y encabezar el gobierno desde 2022.


En cuanto a la península ibérica, esta década también ha traído grandes cambios. Muchos politólogos argumentaban que en España era difícil que emergiera una ultraderecha por el carácter aglutinante del PP y las barreras del sistema electoral, pero no contaban con la llegada de una década tan buena para la ultraderecha en todo el mundo ni con la profunda crisis catalana.

La crisis catalana de 2017 y 2018, además de otros factores, permitió a Vox pegar el pelotazo en las andaluzas de 2018 y en las demás citas electorales por todo el país. Hace 10 años la ultraderecha no tenía ni un 1% en las elecciones, mientras que actualmente ronda el 17% en las encuestas, unos porcentajes que nunca pudieron ni soñar los neofranquistas de Fuerza Nueva en los setenta y ochenta.

Además, y aunque a escala catalana, también en esta década ha surgido una ultraderecha potente dentro del nacionalismo catalán, hasta ahora carente de ella. Aliança Catalana no existía hace unos años y según las encuestas ahora podría igualar a las dos grandes formaciones del independentismo catalán (Junts y Esquerra). Sin duda alguna se trata de un auge espectacular.

En Holanda la ultraderecha tenía un peso menor antes de la crisis de los refugiados (16%), por lo que sin duda ha ganado relevancia en la arena política y mediática del país desde 2015. Actualmente en el país hay dos fuerzas de ultraderecha o derecha radical que suman aproximadamente un 24% del voto, por lo que esta tendencia no ha subido tanto en los Países Bajos, aunque esto quizá se deba a sus errores en su paso por el gobierno desde 2023, así como a la fragmentación de esta en distintas formaciones políticas.

En Bélgica ocurre algo curioso: la ultraderecha no ha logrado nada en Valonia (zona francófona), mientras que se ha comido el electorado de los partidos tradicionales en Flandes. En la mitad norte de Bélgica ya desde el año 2000 había una derecha radical dividida en dos partidos (N-VA y Vlaams Belang) que había surgido con fuerza, pero también ha crecido notablemente en la última década.

En 2015 estas dos fuerzas a la derecha de los democristianos sumaban un 24%, y de ellas la más radical (Vlaams Belang) solo contaba con un 4% de apoyos. Diez años más tarde la derecha radical flamenca tiene un 30% de voto a nivel nacional, lo que supone una hegemonía total en Flandes, pero lo más preocupante es que la derecha “moderada” de N-Va ha cedido peso a Vlaams Belang, que ha pasado de ese 4% de apoyos al 14% de las últimas encuestas.
Otro caso de ascenso espectacular de la ultraderecha lo encontramos en Austria. Allí se organiza en torno a un único partido (el FPÖ), con presencia parlamentaria desde hace décadas, pero que nunca ha llegado a cotas tan altas como en los últimos años. Poco antes de la crisis de los refugiados el FPÖ tenía un 25% de apoyo, y diez años después ha subido hasta un 29% en las elecciones generales de 2024 y un 38% en las encuestas actuales. Se trata del partido de ultraderecha más fuerte de toda Europa occidental, así como uno de los más radicales, pues propone directamente la remigración de cientos de miles de residentes.
Personalmente, el caso que más me ha sorprendido es el de Portugal. Tras la caída de la dictadura, durante décadas la ultraderecha portuguesa apenas tuvo seguidores y nunca pasó del 1% en las elecciones…hasta esta década. Los politólogos afirmaban que el consenso moderado e incluso izquierdista del país desde la Revolución de los Claveles impedía el surgimiento de una formación ultraderechista con porcentajes relevantes, pero todo esto cambió cuando André Ventura y su formación Chega entraron con un diputado en Asamblea Nacional en las elecciones de 2019.

El exmiembro de la derecha clásica y antiguo tertuliano ha aprovechado la ola trumpista de los últimos tiempos hasta romper con el tradicional bipartidismo luso: en las pasadas elecciones generales incluso quedó como segunda fuerza en escaños, logrando un 23% que ha dejado sorprendidos a propios y extraños, y más teniendo en cuenta la estabilidad política y el bajo porcentaje de inmigración existente en el país.

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